domingo, 26 de septiembre de 2010

Yo corrijo, tú no corriges

Estos meses he estado colaborando en una revista y mi labor principal ha sido la de corregir los artículos. Recientemente los editores me comentaron que mi trabajo en realidad no lleva más de quince minutos al día, es decir, tres o cuatro horas a la semana. No dejó de parecerme curioso y molesto este comentario, pero en el fondo lo entiendo porque el trabajo de los correctores no es de los más valorados en nuestro medio.

En primer lugar, existe la falsa creencia de que cualquiera puede ser corrector, es decir, solo basta con saber un poco de puntuación y ortografía, cuando en realidad no es así. Para ser corrector no basta solamente tener competencias sintácticas y ortográficas aceptables, además de sentido común, se necesita un profundo conocimiento del idioma para saber y entender cómo estructurar correctamente las oraciones y los textos.

Cuando la gente contrata correctores (me refiero a la mayoría, hay gente muy consciente de nuestra labor), piensa que estos solo van a tener que 'echarle un ojo' al texto y ya; el problema es que los textos casi nunca están escritos como para solo 'echarles un ojo'. El corrector debe estar muy atento a todos los errores, que si bien en algunos casos no son de ortografía o puntuación, sí son de manejo del idioma y de sintaxis. La gente común y corriente escribe como habla y al revisar sus textos piensa que todo está correcto porque los entiende. Pero no basta que uno entienda lo que escribe, es necesario que todos los que leen el texto entiendan lo que dice. Es aquí donde entramos los correctores: estamos ahí para estructurar los textos y darles un sentido. Y este trabajo, obviamente, no lleva quince minutos.

Creo que el problema básico de este malentendido es que pocas veces somos capaces de ponernos en los pies de los otros. Hay una tendencia a minimizar el trabajo de las otras personas porque no lo conocemos ni nos involucramos en los procesos. Decir que a un corrector le toma tres horas a la semana corregir una revista de ochenta páginas es como decir que a un editor le toma solo una hora publicar su revista. Ubiquémonos.

7 comentarios:

Lore dijo...

Pili tienes toda la razón, tendemos a minimizar el trabajo del otro, si valoraramos más a los demás, valorariamos su trabajo y lo importante que es dentro de este cuerpo que se llama mundo.

Gracias por invitarme a ponerme en los zapatos del otro.. Un besito

María del Pilar Cobo dijo...

Gracias por la visita, Lore, un abrazo

Víctor dijo...

Hola María. Interesante tu artículo "Yo corrijo, tú no corriges"; concuerdo contigo. Le eché también un vistazo a un par de artículos más y, fue suficiente, me quedé enganchado con tu blog. Me gustaría leer algo tuyo donde uses las variantes de tu país, que sé yo, modismos, jergas, frases coloquiales, etc. Felicitaciones y un fuerte abrazo, desde Lima, Perú.
Víctor Reyes.

María del Pilar Cobo dijo...

Víctor, gracias por tu visita, un abrazo

Pachachis dijo...

Hablando de "Yo corrijo, tu corriges," observé que hay anuncios en los postes de las avenidas en Quito con un dibujo de una remolcadora, remolcando un vehiculo. El texto dice: "De 7:30 A M a 20 P M
Hice esta observación a este periódico pero me parece que no han hecho nada en publicar esta discrepancia. Adjunté en mi comentario que yo no había visto en ningún lugar las 20 PM. Segerencias?

(̅_̅_̅(̲̲̲̲̲̅̅̅̅̅̅(̅_̅_̲̲̲̅̅̅ґΘγ_̅_̅_̅() ڪے dijo...

Podría ser que los que te seguimos en este blog ya estemos ubicados. Hay que ubicar a la gente que no lee.

Gustavo Mota dijo...

Hola, Pili:
Qué gusto leer tu artículo después de dos años que lo escribiste. Llevo aquí en Mazatlán ocho años sufriendo esa incomprensión...
Pero qué gusto leerte y haberte conocido. Me duele no haberme despedido. Lo siento.
Gustavo Mota
jologus@hotmail.com